En este Primero de Mayo, saludamos con orgullo a cada trabajador y trabajadora que da vida a nuestra red asistencial. Hoy no es solo un día de descanso, sino un momento de reflexión profunda sobre nuestra identidad y el valor de nuestro esfuerzo diario. En un mundo que a menudo olvida que la riqueza de
En este Primero de Mayo, saludamos con orgullo a cada trabajador y trabajadora que da vida a nuestra red asistencial. Hoy no es solo un día de descanso, sino un momento de reflexión profunda sobre nuestra identidad y el valor de nuestro esfuerzo diario. En un mundo que a menudo olvida que la riqueza de una nación reside en sus manos trabajadoras y no en sus cifras financieras, reafirmamos que nuestra labor en salud es el pilar que sostiene la dignidad de nuestro pueblo.
El escenario confuso y sinuoso que enfrentamos hoy era, en gran medida, previsible. La dicotomía social y política que fractura a nuestro país es el resultado de una cultura vivencial incoherente; habitamos un sistema neoliberal que es, por esencia, individualista y personalista. Es un modelo que sitúa al “yo” y al éxito individual como el único norte relevante. Sin embargo, paradójicamente, como colectivo demandamos derechos fundamentales: educación, salud, vivienda y cultura.
Esta contradicción nos enfrenta a una pregunta no resuelta: ¿Qué Estado de Derecho defendemos como trabajadores? ¿El que anhelamos o el que nos rige actualmente en la Constitución? Este es un punto que nuestra sociedad aún no ha dirimido. El primer proceso constituyente apuntaba a una sociedad de derechos, pero muchos de sus tópicos carecían de sustento social y cultural, lo que derivó en su fracaso. El segundo momento, en cambio, profundizaba el sistema neoliberal con menos Estado y menos derechos sociales, y también fracasó.
Ante esto, cabe preguntarse cuál es la forma política y social que realmente nos identifica como un país en vías de desarrollo. Por ahora, parecemos una sociedad desorientada e inconsecuente, a ratos arribista. Mientras persistamos en esta dualidad conceptual, seguiremos en un “estado larvado”.
El avance real se construye con el esfuerzo, la constancia y la perseverancia que cada uno demuestra en sus turnos, en sus unidades y en la atención de nuestros usuarios. El desarrollo no debería medirse por cuánto acumulamos en lo material, sino por cómo nos convertimos en mejores seres humanos al servicio de otros.
Los invito a buscar en el humanismo nuestras raíces de amistad, colaboración y solidaridad. Los tiempos que vienen se vislumbran tormentosos, escabrosos y azotados por torbellinos; sin embargo, siempre habrá una rama o una soga de donde sujetarse para salir adelante. Uno de esos espacios de refugio debe ser el compañerismo, el afecto y la fraternidad que sembramos desde la Confederación FENATS Unitaria. Sigamos construyendo este lugar de cobijo y acogida para todos.














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